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¿Qué tan bajo se puede llegar? Las cambiantes guías para el control de la presión arterial

​La paciente fue por primera vez a ver a Mark Supiano en 2017 porque su familia estaba preocupada:  estaba perdiendo la memoria a corto plazo.

Mientras revisaba su historial y signos vitales, Supiano, geriatra en la Universidad de Utah, observó una señal preocupante: su presión arterial era de 148/86, por encima de lo normal a pesar de que tomaba dos medicamentos para bajarla. “Claramente era demasiado alta”, dijo recientemente.

Varios factores podrían haber contribuido a ese número, incluidos el medicamento antiinflamatorio que la mujer de 78 años tomaba para el dolor de artritis, una dieta alta en sodio y la falta de ejercicio regular. También le dijo a Supiano que solía beber un par de copas de vino cada noche.

Después de que Supiano hablara con ella sobre formas de reducir su riesgo, la mujer y su esposo se inscribieron en un gimnasio. Dejó el antiinflamatorio y redujo la sal y el alcohol, lo que llevó su presión sistólica a un rango de 130 a 140 —todavía hipertensión, según las guías publicadas por la Asociación Americana del Corazón (AHA) y el Colegio Americano de Cardiología (ACC) a finales de ese año, pero más aceptable. (La sistólica es el número superior en la medición de la presión arterial y el más importante desde el punto de vista clínico).

Sin embargo, para 2019, la paciente tenía un diagnóstico de deterioro cognitivo leve y comenzaban a surgir evidencias médicas sobre la relación entre la hipertensión (el término médico para presión arterial alta) y la demencia. “No fui tan agresivo como debí haber sido”, recordó Supiano. Agregó un tercer medicamento para la hipertensión y sus cifras bajaron a 120 o menos.

Las guías cambiantes para el control de la presión arterial pueden recordar a las personas de mayor edad un baile de moda en su juventud: el limbo. Como decía Chubby Checker: “¿Qué tan bajo puedes llegar?”

Durante más de 25 años, una lectura de 140/90 o menos se consideró normal, según las guías de la AHA/ACC. Pero la actualización de 2017 introdujo cambios importantes, respaldados por los resultados del ensayo SPRINT, que incluyó a adultos mayores de 50 años con alto riesgo cardiovascular.

El ensayo SPRINT encontró que un tratamiento intensivo dirigido a reducir la presión sistólica por debajo de 120 disminuía el riesgo de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, otras enfermedades cardiovasculares y la mortalidad general de manera tan significativa que los investigadores detuvieron el estudio antes de tiempo para ofrecer recomendaciones.

Consideraron que no era ético negar a la mitad de los participantes los beneficios del tratamiento intensivo. Por eso, las guías de 2017 recomendaron medicación para quienes tenían una presión sistólica superior a 130.

Las revisiones más recientes, publicadas a finales del año pasado, promueven un control aún más estricto. Recomiendan que los pacientes con ries  

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